Copenhague es la capital de Dinamarca. Ubicada en la isla de Selandia, con sus poco más de 509.000 habitantes es sede del Parlamento, la Monarquía, y Ciudad Cultural Mundial.
Copenhague es una ciudad sorprendente. La capital del reino más antiguo del mundo es al mismo tiempo la sede de la utópica Christianía, el hogar de La Sirenita y la cuna de la cerveza helada. Por eso visitar Copenhague es entrar en un mundo donde se borran los límites entre realidad y fantasía al tiempo que se vuelve amigable y humana.
El paseo por Copenhague puede comenzar por el centro, cuyo eje principal, la Avenida Stroget, se extiende por un kilómetro y medio entre el Ayuntamiento y la Plaza Real, y forma en uno de sus tramos una explanada entre lo que alguna vez fueron dos plazas. En los alrededores de la Plaza Real encontraremos la Iglesia del Espíritu Santo, de estilo neoclásico, reconstruida en el siglo XVII; es el templo de origen más antiguo de la ciudad.
Junto al Ayuntamiento se encuentra el Tívoli, el parque de atracciones más antiguo del mundo. La Plaza Real se comunica con el mar mediante una dársena bordeada por edificios de vistosos colores que presentan una postal característica de la ciudad. En un extremo de la plaza encontramos también el Palacio de Charlotteborg, de elegante estilo barroco holandés y el impresionante Teatro Real. Otros edificios para ver y visitar son el Palacio de Amelienborg, residencia de la familia real, y la sede del Gobierno Municipal o Radhuset, palacio del siglo XIX desde cuya torre se tienen preciosas panorámicas de la ciudad; y también el Palacio de Rosenborg, ostentoso castillo renacentista que guarda las joyas de la corona.
Si le gustan los museos, hay uno poco conocido: el Nycarlsberg Glyptotek, que posee una colección impresionista y una sala dedicada a Gauguin y su época en Tahití. La visita al museo puede finalizar dulcemente con una visita al salón de té.
Si se considera un soñador de utopías, un guerrero del arco iris, entonces Copenhague es para usted: aquí está Christiania, un experimento social revolucionario autodenominado “barrio libre” que conjugó muchas ilusiones e hizo famosa a la ciudad.
Pero quizás no tanto como una escultura en bronce que desde 1913 mientras mira interminablemente el mar, y recuerda a los daneses una antigua leyenda inmortalizada por el gran escritor Edgar Eriksen: La Sirenita, o La Pequeña Señora del Mar, símbolo de la ciudad y refugio de los marineros.
Después de tantas emociones lo mejor es un reparador descanso en alguno de los innumerables cafés y cervecerías de la ciudad. La hora de la comida nos reserva una sorpresa: Copenhague se ha transformado en una capital gastronómica donde la fusión y alta cocina se mezclan con los productos naturales, aunque también hay lugares populares y tradicionales donde probar la Smørrebrød, suerte de sándwich de pan negro con el relleno a la vista. Las posibilidades de alojamiento son muchas; hay para todos los gustos y presupuestos, así como interesantes ofertas.